martes, 1 de enero de 2019

Santa María Madre de Dios - Año Nuevo



¡Qué alegría celebrar hoy la octava de Navidad con esta solemnidad en la que honramos a María con el título de la Madre de Dios con la que abrimos un nuevo Año llenos de ilusión y de esperanza!
Qué hermoso comenzar un nuevo año a los pies de Nuestra Madre del Cielo, Madre de Dios y Madre nuestra, poniendo toda nuestra confianza en sus manos amorosas; con los pastores acudimos al portal de Belén llenos de alegría y contento y nos asombramos al descubrir a la Sagrada Familia en un pobre establo, en una cueva.
¡Quién podía sospechar que el Hijo de Dios se pondría de tal manera en manos de los hombres para entrar en el mundo!
Es nuestra libertad la que obliga a Jesús a nacer en un pobre portal; San José no encontró lugar para Él ni para la Santísima Virgen en ningún hogar ni posada de la ciudad de Belén; hoy, tú y yo, tenemos la oportunidad de ofrecer al Niño Dios un hogar en nuestro corazón, en nuestra vida, dándole calor y abrigo a través de nuestra fe y de nuestra esperanza, a través del amor al prójimo.



Está en nuestras manos que este nuevo año que hoy comenzamos sea un año en el que abramos todavía más las puertas de nuestro corazón y de nuestra vida entera al Niño Dios de modo que día a día vaya creciendo y haciéndose fuerte en nosotros, o bien, que le dejemos solo los flecos de nuestra vida, las migajas.
Está en nuestras manos abrirnos a toda la fuerza del amor de Dios en nuestra vida, esa fuerza que todo lo transforma, que todo lo hace nuevo.

Comenzar un Nuevo Año nos ofrece la posibilidad de mirar con los ojos de Dios cómo fue el precedente, con sus luces y sus sombras, de tal modo que podamos aprender para el que hoy comenzamos y darle una mayor profundidad.
El Evangelio de hoy viene en nuestra ayuda, al  remarcar con tanta fuerza la actitud de la Virgen en el Portal de Belén ante la visita inesperada de los pastores y todas las noticias que traían de los ángeles.
María, por su parte dice el Evangelio, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.


Quizás esa sea la mejor manera de afrontar también nosotros un Nuevo Año: conservando todas las cosas y meditándolas en nuestro corazón.
Como María dedicar tiempo a la memoria, dedicar tiempo a la meditación: es decir, a pensar las cosas de nuestra vida desde la mirada de Dios, desde su amor infinito por nosotros.
No sabemos qué nos deparará este Nuevo Año que hoy comenzamos, pero sí sabemos que en todo lo que nos ocurra Dios estará siempre presente de una manera u otra: unas veces se nos presentará a través del gozo de Belén, otras en la luz de sus milagros y palabras, en otras a través de la cruz siempre presente en la vida del cristiano, no faltarán ocasiones en las que participaremos de su gloria venciendo el sufrimiento y la muerte, con una alegría desbordante.
María nos ayudará a seguir a Jesús siempre y en todo lugar a través de la fe, de la esperanza y del amor que hoy contemplamos en su Hijo hecho hombre por nosotros, por nuestra salvación.



A través de María vino la Salvación al mundo, y a través de María encontramos hoy nosotros la salvación, nos descubrimos como hijos de Dios: ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.
¿Te das cuenta? Tú y yo somos hijos e hijas de Dios: y es desde esta verdad tan grande como debemos afrontar todo lo que nos aguarde en este nuevo año.

Feliz Año Nuevo a todos que el Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz.

Santa María, Virgen y Madre Dios, ruega por nosotros.