El famoso escritor Thomas Eliot afirmaba que la mayor parte de los problemas del mundo se deben a la gente que quiere ser importante. Cuánto mejor nos iría a todos, ¿verdad?, si fuéramos más fieles a los consejos que Jesucristo nos da a lo largo del Evangelio.
En el de hoy descubrimos a todos los Apóstoles en la misma falta que también nosotros caemos tantas veces: querer los primeros puestos.
Santiago y Juan se atreven a pedirlo y hacer todo lo que sea necesario para alcanzarlo: ¿seréis capaces de beber el cáliz que yo he de beber?
A las pretensiones de sentarse a su izquierda y a su derecha, Jesús responde haciendo referencia a la Cruz, recordándoles a ellos, —y a nosotros, a todos—, que para llegar al cielo no hay otra escalera sino la Cruz en palabras de Santa Rosa de Lima.
El resto de los Apóstoles no son mucho mejores que estos dos hermanos pues continúa diciendo el Evangelio: los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan: todos querían lo mismo aunque solo dos se atrevieran a pedirlo.
Siguiendo las enseñanzas de Jesús en la Iglesia lo que para la mentalidad del mundo son los primeros puestos en realidad son los últimos. El Papa no es el primero de todos, sino el último: él es el siervo de los siervos de Dios, está al servicio de la unidad y la firmeza en la fe de todos los demás católicos. Por su parte San Josemaría Escrivá recomendaba a todos los sacerdotes que pusiéramos el corazón como alfombra en el suelo, para que los demás pisen blando. Es decir, los curas, como Jesús, no estamos para ser servidos, sino para servir a la Iglesia, —yo en nuestra Parroquia o en los Colegios—.
Todos, —curas y no curas—, hemos de tener claro que estamos al servicio del mismo. Cada uno según vocación según el lugar que Dios ha querido para él o para ella en la Iglesia y en él mundo.
Todos servimos a Cristo que se hace presente en medio de nosotros a través de la fe y los sacramentos.
Todos en la Parroquia estamos para servir a Cristo a través de los demás, para ayudarles en su camino personal de Fe: coro parroquial, lectores, monaguillos, equipos de limpieza y sacristía, flores, órgano, catequesis, bienhechores.
Todos en los diversos ministerios o servicios estamos para ayudarnos los unos a los otros; y cómo seguir a Cristo supone siempre un encuentro con la Cruz, todos hemos de asumir que participar y servir en la Parroquia conlleva asumir la Cruz que tarde o temprano llegará en cualquiera de sus formas.
Cada cristiano está llamado a reproducir la Pasión de Cristo a lo largo de su vida: las burlas, los insultos, las tentaciones para renunciar al sufrimiento, la flagelación, la coronación de espinas, la incomprensión, el vacío, la cruz se van haciendo presentes de una manera u otra en la vida del cristiano que permanece fiel a Cristo Salvador.
Tratemos de seguir el consejo de Santa Teresita de Liseaux corramos al último puesto que pocos nos los querrán quitar. Corramos al servicio de los demás, en especial los más necesitados en su cuerpo o en su espíritu, tratemos de hacer la vida más agradable, más amable a los demás, cada uno según nuestras propias posibilidades.
Dejemos que Jesús ilumine y guíe nuestros pasos, que renunciemos a los primeros puestos, que tratemos de servir a todos a través de la verdad y el amor, de la sencillez y la naturalidad, de la Cruz y de la entrega cotidiana, de la alegría y del buen trato con todos. Si queremos ser verdaderamente importantes tratemos de buscar los últimos puestos, tratemos de servir a los demás, porque el verdadero poder está en el servicio a Dios y al prójimo.
María permanece siempre a los pies de la Cruz de su Hijo, también cuando nosotros nos encontramos crucificados, María está a nuestro lado, firme y atenta a nuestras necesidades. Bajo tu amparo nos acogemos...
Santa María, Virgen y Madre de la Asunción, ruega por nosotros.