miércoles, 14 de marzo de 2018

PRIMER PASO... ¡DETENTE! (1ª Charla Cuaresmal)

  1. DETENTE
Comenzamos nuestro retiro de Cuaresma en la que con intensidad nos preparamos para la fiesta más importante de nuestra fe: la Resurrección; si lo pensamos bien lo más importante no es la Cruz, sino la Resurrección, no es el sufrimiento, sino el amor. 
¡Qué gran suerte poder disfrutar de un retiro cuando estamos en la mitad de la Cuaresma! Empezamos con ilusión, pero quizás se ha podido ir rebajando la intensidad de nuestro esfuerzo por renovarnos en el amor, ese amor siempre grande y pequeño, no exento de paradojas, amamos y no amamos a la vez. 
Me gustan los temas que me han propuesto este año para el retiro. Cada uno con una sola palabra que no invita a lo esencial. Muy bien pensado.
Esta primera meditación se titula: «Detente». Es decir, para, espera, frena un poco tu vida. Quien más quien menos todos nos dejamos llevar de las prisas, pareces que hoy hay que hacer todo corriendo; como decía un amigo cura de otro: «siempre corriendo y siempre tarde», «como pollos sin cabeza» que se suele decir. 
Por eso, qué gozada hoy detenernos. Parar. Poner el freno de mano. 
Hace unas semanas, un domingo salía de la Parroquia y a una familia que se suele quedar para saludarme y desearnos feliz domingo entre bromas y buen ambiente se me ocurrió preguntarles:
¿Cuál es el día más importante de tu vida? Los niños enseguida buscaron una respuesta religiosa, los padres más prudentes me dijeron que lo tendrían que pensar con cierto detenimiento… a todos les di la misma respuesta, no, ese no es y creo que ninguno de los que penséis será. 
Vosotras, ¿sabéis cuál es el día más importante de nuestra vida?
—Hoy; hoy es el día más importante de nuestra vida. 

Y así como es bueno detenernos en Cuaresma y pensar cómo va nuestra vida en términos, por decirlo así más generales, es bueno también detenernos cada día, cuando va terminando el día más importante de nuestra vida. 
Yo os invito a que os hagáis cada día tres preguntas sencillas y a la vez importantes para ver cómo ha ido nuestro día.

1º. ¿Hoy me he dado a los demás?
2º. ¿He alegrado a los que conviven conmigo?
3º. ¿He buscado mi comodidad o me he complicado por los demás?

¿Qué es lo principal en nuestra vida? ¿El amor o la cruz?

A veces parece que los cristianos tenemos que vivir resignados, como si por ser cristianos perdiéramos las cosas buenas de la vida. Como si seguir a Cristo fuera decir no a muchas cosas, en realidad a las cosas buenas de la vida. 

Y no es así. 

Lo principal en nuestra vida no es la cruz, no es la renuncia, no es decir que no a la vida, sino más bien todo lo contrario: lo primero en nuestra vida es el amor: amar mucho, amar bien, amar de verdad, amar siempre, amar tanto que transformemos el mundo a nuestro alrededor. 
Entonces, ¿qué lugar ocupa la cruz en nuestra vida? La cruz es solamente la medida de nuestro amor. 

Lo propio del cristianismo es: amar, ama siempre, ama ocurra lo que ocurra, ama aunque te cueste morir, ama aunque sea desde la cruz. 

La vida es maravillosa, aunque en ella encontremos lucha, combate, trampas, enemigos, esfuerzo, conquista, derrota, enfermedad, convalecencia, gozo... que sea difícil no es negativo. Todo eso son retos. El reto de vivir, y de vivir bien, de vivir amando. 

El amor concreto y la cruz de cada día
Pasos. 
1º. Aceptación. Aceptar cada día mi realidad, la realidad del otro y la realidad de la vida. ¿Cómo estás, qué te ocurre, con qué puedes con que no puedes hoy?
2º. Aceptar y amar. En mi realidad de hoy, tal y como estás: seguir amándome a mí, amando al otro, amar la realidad del día de hoy que tantas veces no puedo cambiar. No tengo que esperar a mejorar para amar: tengo que amar como soy hoy. 
3º. Aceptar, amar, superar toda medida. ¿Qué medidas tengo que superar?
el dolor: amar aunque duela, o mejor, amar hasta que duela (T. de Calcuta)
El cansancio. Que mi cansancio no limite mi amor. 
Mi tiempo. El amor es ingenioso y encuentra el modo de dilatar el tiempo, de aprovecharlo mejor. 

¿Busco alegrar a los demás?
Cristiano es el que vive más pendiente de los demás que de sí mismo, piensa antes en agradar a los demás que en buscar tener él los mejores planes. No vive en el centro de su vida: en el centro están los demás. ¿Qué les conviene?, ¿qué les gustará?, ¿como puedo alegrar y hacer la vida más agradable a los que conviven conmigo?

A todos a veces amar nos cuesta. No nos tenemos que asustar de nuestra pobreza, de nuestro corazón raquítico. No nos extrañemos de que hay personas que nos cueste querer y servir, ayudar. Ahí encontramos la oportunidad de amarles hasta la cruz, hasta ese morir a nosotros mismos.  La pena es no aprovechar esas oportunidades. 

Cada noche te puedes acostar preguntándote cómo te ha ido el día (me he dado, he alegrado, me he dejado complicar por los demás). Eso te ayudará a conocer por donde van los pasos. 


Por las mañanas también te puedes ofrecer a Dios para servirle en los demás. Para afrontar el día alegrando a los que tienes cerca, para complicarte la vida por los demás.