Hoy es un día importante en nuestra parroquia, pues se acrecienta el número de sus hijos por el bautismo de esta niña que sus padres y padrinos presentan a la Iglesia para que transformada su alma sea realmente hija de Dios.
Es hermoso pensar que así como sus padres disfrutan de esta nueva niña en su familia gracias a la intervención de Dios, hoy Dios disfrutará de una nueva hija gracias a sus padres.
El Bautismo, bien lo sabemos, es una puerta maravillosa, por él recibimos la fe, la esperanza y el amor divino, las virtudes teologales, somos limpiados del pecado original, entramos a formar parte de la Iglesia y desde ese momento habita en nuestras almas en gracia el Espíritu Santo; sin embargo, todo lo que recibimos en el Bautismo, y es mucho, es el inicio de un camino que se ha de ir completando a lo largo de toda nuestra vida, día a día.
Hoy gracias a vosotros, sus padres y padrinos, a Nekane se le abre una puerta maravillosa, la puerta del cielo, sin embargo para poder cruzarla dentro de muchos años es necesario encaminarse hacia ella, como tratamos de hacer todos los demás.
El camino que nos lleva a esta singular puerta no es otro que Jesucristo, Él mismo nos lo dice en el Evangelio: yo soy el camino, y la verdad, y la vida, nadie va al Padre sino por mí, sin mí no podéis hacer nada.
Con razón nos anima en el evangelio de hoy a esforzarnos a entrar por la puerta estrecha. La vida cristiana es gracia, regalo de Dios, por supuesto; pero como decía tantas veces San Juan Pablo II, es también tarea del ser humano.
El Bautismo nos limpia, nos prepara, nos hace capaces de caminar tras las huellas de Cristo, pero somos nosotros los que nos tenemos que esforzar en dar los pasos, uno tras otro, ayudados y guiados siempre por Cristo en la Iglesia a quien encontramos a lo largo de nuestra vida principalmente en los Sacramentos: la Penitencia que nos levanta y empuja; la Eucaristía que nos alimenta y fortalece; así como los demás sacramentos de estado: la confirmación a la que hoy os comprometéis que vuestra hija Nekane reciba un día para que la fuerza del Espíritu Santo le acompañe en plenitud.
Por eso, no podemos olvidar nunca que participar de los sacramentos es para nosotros siempre un compromiso de vida, nos compromete con Dios y con los demás.
Vosotros, hoy como padres y padrinos os comprometéis a educar en la fe viva y práctica a vuestra hija.
Participar del Sacramento de la Eucaristía cada domingo nos compromete a vivir el amor que aquí recibimos con todos los demás: los lejanos y sobre todo los más cercanos, aquellos con los que convivimos en la familia y en el pueblo.
Es ese esforzarnos concreto y real por entrar por la puerta estrecha libres de todas esas soberbias, orgullos, envidias, egoísmos que nos hacen creernos más de lo que somos y qué nos alejan del amor de Dios y de los demás.
Recibir a Jesucristo en la Comunión, -cuando estamos bien preparados, limpios de pecado, sin dejar pasar un domingo sin venir a su encuentro-, es para nosotros un compromiso de vida, de entrega, de ayuda, de alegría, de perdón hacia todos, sin exclusiones, mirando por el bien de todos, olvidándonos muchas veces de nosotros mismos relegados al último lugar.
Acudimos hoy a Nuestra Señora de la Asunción y le pedimos que nos ayude a esforzarnos por entrar por la puerta estrecha, le pedimos hoy especialmente por Nekane y su familia, sus padres, su hermana para que le ayuden a seguir cada día los pasos de Cristo con paz y alegría.
Santa María, Virgen y Madre de la Misericordia, ruega por nosotros.