En este día tan importante para la Iglesia Universal y para nuestra Parroquia de Allo en el que celebramos a nuestra patrona, se nos tiene que llenar el alma de alegría al contemplar esta escena, este momento sublime en la vida de María, nuestra Madre es asumpta, subida al Cielo en cuerpo y alma, de modo que María goza ya de la gloria de la Resurrección plena que un día también nosotros disfrutaremos.
Como Santa Isabel felicitamos también nosotros hoy a María en su Asunción a los cielos, y nos asombramos de su humildad y su amor, su entrega y su fidelidad a la Palabra de Dios encarnada en su Hijo Jesús.
Contemplar hoy a María es para todos nosotros, hijos suyos, un motivo de alegría y aprendizaje para nuestra vida cristiana.
En el Evangelio nos muestra, en ese canto tan conocido y tan hermoso del Magnificat, dónde está su corazón y a dónde se ha de encaminar el nuestro siguiendo sus pasos.
María se alegra y proclama las grandezas del Señor porque se ha fijado en su pequeñez, en su humillación, en su pobreza... y nosotros tantas veces, ¿verdad?, pretendemos hacernos los mayores, los grandes ante Dios, como si le tuviéramos que demostrar algo para que nos ame.
María nos enseña que Dios se fija en los humildes, en los sencillos de corazón, en los que acogen con alegría la Palabra de Dios en su vida mientras que dispersa a los soberbios, derriba del trono a los poderosos y a los ricos los despide vacíos.
Dios quiere seguir haciendo proezas, grandes maravillas en medio de nosotros, pero quiere, a su vez, que nos acerquemos con un corazón humilde, servicial, pobre porque se sabe necesitado de la misericordia de Dios, un corazón forjado como el de María, lleno de virtudes, lleno de amor a Dios y a los demás.
¿Os habéis fijado dónde transcurre la escena del Evangelio de hoy?, ¿en qué momento de la vida de María? En la visitación a su prima Isabel embarazada de San Juan Bautista ya de unos seis meses y eso que era de edad avanzada.
Lo primero que hay que destacar es que se da en un ámbito familiar, un ámbito familiar de servicio y entrega generosa. La Virgen María recién se ha quedado embarazada del Salvador, y al enterarse de que se prima anciana está esperando un hijo, lo primero que hace es ponerse en camino; olvidándose de ella misma va al encuentro de la que le necesita.
¡Qué gran ejemplo para nosotros, qué buen modelo encontramos en la Virgen María, siempre solícita y atenta a las necesidades de los demás!
En este Año Jubilar de la Misericordia en el que recordamos con frecuencia el perdón de Dios y el impulso con que nos lleva a estar atentos a los demás sin dejar que la indiferencia se apodere de nuestros corazones tantas veces ajetreados por la vida, María es para nosotros un acicate más que nos lleva a salir de nosotros mismos al encuentro de los demás, sabiendo que en ellos nos encontraremos con Cristo que viene a nuestro encuentro en cada necesidad del ser humano.
Acudamos con devoción filial a nuestra Madre de la Asunción para que nos ayude a vivir siempre solícitos a las necesidades de los demás, buscando siempre a Jesús con un corazón sencillo y pobre, necesitado de su amistad y de su ayuda.
Santa María, Virgen y Madre de la Asunción, ruega por nosotros.