SEGUNDO DÍA: MATRIMONIO
Continuamos con las preciosas catequesis del Papa Francisco sobre la familia como preparación espiritual en nuestra parroquia para la fiesta del Santísimo Cristo de las Aguas rezando por el Sínodo de Obispos por la familia que tendrá lugar el próximo mes de octubre.
En este segundo día siguiendo la catequesis del pasado 22 de abril vamos a reflexionar sobre algunos aspectos del matrimonio, en la que como veremos el Papa nos plantea también algunas tareas como seguidores de Cristo.
“El evangelista san Juan, al inicio de su Evangelio, narra el episodio de las bodas de Caná, en la que estaban presentes la Virgen María y Jesús, con sus primeros discípulos (cf. Jn 2, 1-11). Jesús no sólo participó en el matrimonio, sino que “salvó la fiesta” con el milagro del vino. Por lo tanto, el primero de sus signos prodigiosos, con el que Él revela su gloria, lo realizó en el contexto de un matrimonio, y fue un gesto de gran simpatía hacia esa familia que nacía, solicitado por el apremio maternal de María.”
A pesar de la gran ayuda que supone la fe para vivir la vida matrimonial no siempre es fácil, el Santo Padre habla claramente de las dificultades que se presentan hoy en la Iglesia:
“Hoy no parece fácil hablar del matrimonio como de una fiesta que se renueva con el tiempo, en las diversas etapas de toda la vida de los cónyuges. Es un hecho que las personas que se casan son cada vez menos; esto es un hecho: los jóvenes no quieren casarse. En muchos países, en cambio, aumenta el número de las separaciones, mientras que el número de los hijos disminuye. La dificultad de permanecer juntos —ya sea como pareja, que como familia— lleva a romper los vínculos siempre con mayor frecuencia y rapidez, y precisamente los hijos son los primeros en sufrir sus consecuencias.
Pero pensemos que las primeras víctimas, las víctimas más importantes, las víctimas que sufren más en una separación son los hijos. Si experimentas desde pequeño que el matrimonio es un vínculo “por un tiempo determinado”, inconscientemente para ti será así.
En efecto, muchos jóvenes tienden a renunciar al proyecto mismo de un vínculo irrevocable y de una familia duradera. Creo que tenemos que reflexionar con gran seriedad sobre el por qué muchos jóvenes “no se sienten capaces” de casarse. Existe esta cultura de lo provisional… todo es provisional, parece que no hay algo definitivo.”
Sin embargo, estas dificultades, junto con las económicas que por la crisis se ven acrecentadas no han de vencernos fácilmente, no nos han de llevar al desánimo, al derrotismo, a pensar que ya todo está perdido, sino a apoyarnos con más fuerza en Dios a ejemplo de María: al hacer lo que Él diga que resuena en el Evangelio de hoy.
Para un cristiano, para una cristiana centrada en Cristo, apoyado en esa Roca firme que es la fe, las dificultades que encuentra se convierten en retos por los que trabajar y luchar.
Por eso, el Papa nos plantea al final de su catequesis una serie de propósitos que promuevan, poco a poco, paso a paso una nueva sociedad en la que la igualdad entre el varón y la mujer sea real.
Entre hombres y mujeres no ha de haber rivalidad, sino que hemos de buscar siempre aquello que nos complementa: “Tenemos que defender a las mujeres. En realidad, casi todos los hombres y mujeres quisieran una seguridad afectiva estable, una matrimonio sólido y una familia feliz.”
Su santidad se atreve a plantearnos unas metas, unos propósitos, en primer lugar sociales al llamarnos a luchar por la igualdad efectiva de hombres y mujeres, y como siempre es muy concreto: “como cristianos, tenemos que ser más exigentes al respecto. Por ejemplo: sostener con decisión el derecho a la misma retribución por el mismo trabajo; ¿por qué se da por descontado que las mujeres tienen que ganar menos que los hombres? ¡No! Tienen los mismos derechos. ¡La desigualdad es un auténtico escándalo! Al mismo tiempo, reconocer como riqueza siempre válida la maternidad de las mujeres y la paternidad de los hombres, en beneficio, sobre todo de los niños. Igualmente, la virtud de la hospitalidad de las familias cristianas tiene hoy una importancia crucial, especialmente en las situaciones de pobreza, degradación y violencia familiar.”
Y también como creyentes, como verdaderos creyentes: “no tengamos miedo de invitar a Jesús a la fiesta de bodas, de invitarlo a nuestra casa, para que esté con nosotros y proteja a la familia. Y no tengamos miedo de invitar también a su madre María. Los cristianos, cuando se casan “en el Señor”, se transforman en un signo eficaz del amor de Dios. Los cristianos no se casan sólo para sí mismos: se casan en el Señor en favor de toda la comunidad, de toda la sociedad.”
Pensemos hoy cada uno de nosotros qué podemos hacer en nuestra vida para seguir los consejos del Papa Francisco. Pidamos ayuda al Santísimo Cristo de las Aguas para mejorar en nuestras palabras y actitudes, que acogiendo a Jesús en nuestra vida acojamos su Palabra y su estilo de vida.
Santa María, Virgen y Madre de la Blanca, ruega por nosotros.
Santísimo Cristo de las Aguas, ten misericordia de nosotros.
