En el juicio final no será en un examen teórico donde nos jugaremos todo, —sino que como en el examen de carnet de conducir—, será en lo práctico donde seremos examinados y juzgados.
La vida cristiana no consiste en saber muchas cosas sino en saber vivir desde el amor de Dios que nosotros contemplamos de una manera tan viva, tan cercana en Jesucristo.
Celebramos hoy la fiesta de Jesucristo, Rey del Universo. ¿Jesucristo quiere reinar?
—Sí y lo quiere hacer en todo el Universo, en todo el mundo a través de nuestros corazones.
Es en nuestro corazón donde Jesucristo quiere encontrar su trono en el mundo, y es desde ahí a través de nuestros pensamientos, palabras y obras donde quiere reinar en el mundo y en el universo entero.
Sin duda, lo quiere hacer de la forma más difícil, más complicada: contando con nuestra libertad, contando con nuestra forma de ser, contando con nuestras particularidades, de modo que el mundo brille de mil colores, con sus tonos y sus enfoques diversos.
Eso es lo más grande de la fiesta que hoy celebramos: Jesús quiere darnos un corazón de carne, un corazón que sepa amar, que quiera amar, que se entregue, que se comprometa con la Iglesia y con el mundo, con la parroquia y con el pueblo, un corazón que sepa reconocer esa presencia suya que se esconde a través de los demás, de los más pequeños, de aquellos que nos necesitan.
Quiere para nosotros un corazón como el suyo, dispuesto a todo, dispuesto a dejarse atravesar por la lanza del odio ajeno, de las humillaciones, de las burlas, de que no nos tengan en cuenta, más aún, de nuestro propio orgullo, de nuestra soberbia, de nuestro egoísmo, y vivir, con todo eso, sin perder la paz, sin perder la serenidad, la alegría de quien se sabe amado por Dios hasta en lo más profundo, aunque cueste, —y mucho—, en algunos momentos.
Así, Cristo reinará en medio del mundo aun con nuestros pecados, con nuestros defectos, con nuestras limitaciones, no hay que esperar a ser más perfectos para ofrecerle nuestro corazón como trono a Cristo en medio del mundo.
El camino que Él tiene pensado para nosotros es distinto: cuando le dejamos reinar en nosotros, estemos como estemos, Él nos irá transformando paso a paso, día a día, poco a poco con nuestra respuesta diaria y libre a su amor, a su voluntad.
Para lograr todo esto no es necesario que se de primero un cambio en nosotros: esta es la gran excusa de muchos; más bien ocurrirá al contrario: será el Espíritu Santo, es decir, el amor de Cristo en nosotros el que vaya cambiándonos conforme nos entreguemos con generosidad, con alegría...
Dejemos que Cristo reine en nosotros, dejemos que él sea de verdad el Señor en nuestra vida, que sea la luz para nuestros pasos, el camino que recorramos, el amor que enardezca nuestro corazón, la verdad segura en la que encontrar apoyo firme, la vida plena que nos llena de sentido y de impulso.
A María, la humilde sierva del Señor la contemplamos en el cielo como Reina y Madre de todo creado porque primero dejo que Cristo reinara en su corazón, dejemos también nosotros con la ayuda de la Virgen que su Hijo reine en el mundo a través de nosotros.
Santa María, Virgen y Madre de la Asunción, ruega por nosotros.
