lunes, 10 de marzo de 2014

Domingo I Cuaresma - Las tentaciones


Primera lectura


Lectura del libro del Génesis (2,7-9;3,1-7):
El Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo. El Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer; además, el árbol de la vida, en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal. La serpiente era el más astuto de los animales del campo que el Señor Dios había hecho.
Y dijo a la mujer: «¿Cómo es que os ha dicho Dios que no comáis de ningún árbol del jardín?»
La mujer respondió a la serpiente: «Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; solamente del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: "No comáis de él ni lo toquéis, bajo pena de muerte."»
La serpiente replicó a la mujer: «No moriréis. Bien sabe Dios que cuando comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal.»
La mujer vio que el árbol era apetitoso, atrayente y deseable, porque daba inteligencia; tomó del fruto, comió y ofreció a su marido, el cual comió. Entonces se les abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos; entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.

Palabra de Dios

Salmo


Sal 50,3-4.5-6a.12-13.14.17

R/.
Misericordia, Señor: hemos pecado

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa,
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces. R/.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R/.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza. R/.

Segunda lectura


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (5,12-19):
Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. Porque, aunque antes de la Ley había pecado en el mundo, el pecado no se imputaba porque no había Ley. A pesar de eso, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que había de venir. Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud. Y tampoco hay proporción entre la gracia que Dios concede y las consecuencias del pecado de uno: el proceso, a partir de un solo delito, acabó en sentencia condenatoria, mientras la gracia, a partir de una multitud de delitos, acaba en sentencia absolutoria. Por el delito de un solo hombre comenzó el reinado de la muerte, por culpa de uno solo. Cuanto más ahora, por un solo hombre, Jesucristo, vivirán y reinarán todos los que han recibido un derroche de gracia y el don de la justificación. En resumen: si el delito de uno trajo la condena a todos, también la justicia de uno traerá la justificación y la vida. Si por la desobediencia de uno todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos.

Palabra de Dios

Evangelio de hoy


Lectura del santo evangelio según san Mateo (4,1-11):

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.
El tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.»
Pero él le contestó, diciendo: «Está escrito: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios."»
Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: "Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras."»
Jesús le dijo: «También está escrito: "No tentarás al Señor, tu Dios."»
Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras.»
Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: "Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto."»
Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían.

Palabra del Señor
 

LA HOMILÍA

Desde los primeros tiempos hasta nuestros días, de hecho hasta los últimos momentos de nuestra vida el demonio está al acecho para tentarnos y así poder apartarnos de Dios; y hasta la llegada de Jesús parecía que poco o nada tenía que hacer el hombre para vencerla. Sin embargo, Jesús es punto de luz y de esperanza en medio de un mundo que parece que tantas veces cae derrotado ante el pecado.
Ese pecado, que como a Adán y Eva nos promete tanto para dejarnos al final desnudos, con esa sensación de vacío, de haber perdido lo poco que teníamos.
Sin embargo, todos los pecados de la humanidad no pueden acallar, no pueden ocultar la salvación traída por Jesús. No hay proporción entre la gracia que Dios concede y las consecuencias del pecado de uno. Dios siempre puede más, y nosotros con Él también.
El pecado tiene en nosotros mucha fuerza haciéndonos creer que todo está perdido, pero esto no es cierto. Porque nosotros no vencemos el pecado ni la tentación con nuestras propias fuerzas o medios, sino que sólo unidos a Jesús podemos alcanzar la salvación. El pecado pretende quitarnos una de las cosas más grandes que tiene el cristiano: la esperanza.
Porque no lo olvidéis en este mundo todo tiene solución. Todo. Hasta la muerte, que encuentra su mejor solución en la Resurrección de Cristo de entre los muertos, esa resurrección que también estamos llamados a alcanzar nosotros al final de los tiempos, cuando Jesús vuelva en gloria.
Resurrección a la que nos vamos preparando a lo largo de toda nuestra vida procurando vivir muy unidos a Él, de modo que cuando nos toque experimentar la muerte lo podamos hacer con un corazón agradecido a Dios que tanto hace cada día por nosotros.
De ahí que es tan importante que pongamos también esfuerzo y lucha en nuestra vida cristiana, porque no estamos libres de las tentaciones que se le presentaron a Jesús, y tenemos que estar atentos para no perder el camino de la Vida. Camino que, como bien sabemos, estamos siempre recomenzando, rectificando, pues tantas veces erramos.

El Evangelio de hoy nos alerta de tres tipos de tentaciones en las que podemos caer con facilidad si no vivimos atentos y vigilantes a través del ayuno y la oración.
-    El demonio nos intenta engañar haciéndonos pensar que la solución a nuestros males, más aún, a ese deseo interior que todos sentimos dentro de más, de querer siempre más se puede saciar con los bienes materiales, y no es así.  No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Aunque nos parezca que somos autosuficientes, en un momento u otro de nuestra existencia descubrimos que no lo somos, que no podemos añadir ni una hora a nuestra vida, y que sólo ese Dios, tantas veces desconocido, puede saciarnos.
-    Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: «Encargara a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras. Hasta con la Sagrada Escritura podemos ser tentados, de modo que acomodemos a Dios a nuestra forma de vivir, de pensar, a nuestra comodidad. La tentación de hacer un Dios y una religión a nuestra medida, sin dejarle opinar siquiera. El relativismo que al final quita a Dios del medio porque estorba.
-    Todo esto te daré, si postrándote me adoras. Somos muchas veces vencidos a través de la vanidad, de la soberbia, del orgullo, con deseos de ser más y mejores que los demás, de ser aplaudidos por todos, de ser los más modernos a cualquier precio... aunque sea adorando al dinero, al placer, al poder. Esos deseos de ser queridos por todos aun a costa de apartarnos de la verdad y de Dios. Vete, Satanás, porque está escrito: "Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto, es la respuesta enérgica de Jesús al tentador.

También nosotros tenemos que dar una respuesta enérgica a todas las tentaciones que sentimos y que nos apartan del amor de Dios. Sin embargo, no siempre estamos a las alturas de la circunstancias, no siempre vivimos de tal modo que podamos rechazar la tentación, no importa, no todo está perdido. Dios nos ama tanto que nos deja otra salida: el arrepentimiento, el dolor por no haber respondido con amor al amor de Dios.
Hagamos nuestra la oración del salmista: Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado... Devuélveme la alegría de tu salvación.
Se lo pedimos así a Dios por intercesión de Santa María, siempre Virgen, de modo que vivamos con la alegría de los hijos de Dios que nos pide constantemente el Papa Francisco.
Santa María, Virgen y Madre de la Asunción, ruega por nosotros.